¿En qué se parecen el aceite y el licor? En breve entenderán por qué lo preguntamos. En enero de 2015, mediante Real Decreto y para preservar la trazabilidad del sector del aceite de oliva, se prohibió el trasvase de aceites de un recipiente a otro. Así, se salvaguardaba la integridad del producto. Los objetivos de esta medida eran claros y lógicos: preservar el derecho del consumidor a saber lo que está consumiendo, garantizarle un producto auténtico y de calidad, proteger su salud y seguridad evitando que consuma un producto adulterado y reforzar la competitividad del sector oleícola, defendiendo los derechos de marca y propiedad industrial. Desde ese momento ya no vemos en las mesas de los restaurantes las aceiteras de cristal rellenas de oro líquido de desconocida procedencia para aliñar las ensaladas o mojar el pan. Se prohibían los envases de cristal rellenables. Todo el aceite, ahora, aparece en botellas debidamente etiquetadas y no rellenables. Hasta ahí, todo correcto. Pero ¿qué pasa cuando nos ofrecen un licor de la casa? El camarero aparece con unas frascas, más o menos grandes, muchas veces de cristal, sin ningún tipo de información. No llevan marca, ni etiqueta, ni precinta fiscal, ni procedencia… Nada. A pesar de ser un sector en el que está prohibido el trasvase y rellenado de sus productos, la normativa no se cumple. Los licores son productos de consumo que se ingieren -al igual que el aceite- y tienen el mismo riesgo -o incluso más- de ser adulterado, los consumidores tienen el mismo derecho a saber qué están tomando y también hay un sector fuerte detrás que crea empleo y genera riqueza en la economía -y que hay que cuidar-. Es más, si nos paramos a pensar, nos damos cuenta de que no todas las bebidas espirituosas son tratadas por igual. Se trata de un problema exclusivo de la categoría de licores, donde el consumidor no ha ejercido su derecho a exigir saber qué marca está tomando o su derecho a reclamar. Las garrafas que se utilizan para rellenar las frascas representan el 20% de las ventas de licores Cuando pedimos otro tipo de bebidas, en muchos casos pedimos una marca concreta, pero no ocurre lo mismo en el caso de cremas con base de leche, hierbas, orujo y aguardiente, licor de café, de frutas, vodka caramelo o pacharanes, los principales perjudicados. Concretamente, más de la mitad del gran formato se concentra en licores de crema-hierbas erosionando así las ventas de los fabricantes con una falsa expectativa de producto de más calidad sin respaldo de la marca. Según los datos con los que contamos, las garrafas de este tipo de bebidas que se utilizan para rellenar las frascas en las que se sirve posteriormente el licor en la mesa, representan el 20% de las ventas de licores y se concentran en la hostelería (91%), lo que evidencia su finalidad para rellenar frascas dando una falsa imagen de producto artesanal. El formato de 3 litros es el que más peso tiene dentro de los grandes formatos en hostelería y se mueven unos 26 millones en ventas de licores de gran formato. Analicemos por un momento las normas de etiquetado -y precintado- que tienen los destilados. Por ley tiene que aparecer obligatoriamente: nombre o razón social, dirección del productor que comercializa y es el responsable dentro de la UE, denominación de la venta de la bebida, graduación, cantidad que contiene, número de lote, ingredientes (alergias e intolerancias), condiciones de conservación si son necesarias y precintos fiscales (garantía para el consumidor y la hacienda pública). Sin embargo, según un estudio de la Federación Española de Bebidas Espirituosas (FEBE), el 80% de los consumidores reconoce que les ofrecen licores servidos en frascas sin etiquetar cuando le obsequian con un licor, y el 67% desconoce la existencia de una normativa que prohíbe el trasvase y rellenado de bebidas espirituosas. Podríamos preguntarnos qué están haciendo las autoridades para poner solución a esta problemática. El hecho es que la frasca da una falsa imagen de producto artesanal y deja mejores márgenes, al comprar productos más baratos para rellenarlas. Pero la realidad es que el trasvase de licores no solo está prohibido, sino que el consumidor está renunciando a todos sus derechos y garantías en lo que a salud se refiere. La labor de Andema no es sólo defender a las empresas y su propiedad industrial, sino proteger al consumidor. Como consumidores, tenemos derecho a saber qué estamos tomando y a conocer las características y la información del producto que aparece en la etiqueta. La forma de que se cumplan nuestros derechos es exigiendo que se cumpla la normativa. Gerard Guiu es director general de Andema (Asociación para la Defensa de la Marca)
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