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El sueño del niño que miraba al cielo coge altura

Johannes Garbino-Anton tiene sólo 40 años, vive en Berlín con su esposa y sus dos hijos y se gana la vida satisfactoriamente como piloto de pruebas. Cuando se proyecta a largo plazo, sin embargo, sabe que la seguridad de todo el sector aeronáutico, entendido este en su expresión más amplia, depende del desarrollo de combustibles que logren poner fin a las emisiones de gases contaminantes . Y cuanto antes mejor. Por eso sabe que está dando un gran paso a los mandos del HY4 , un avión equipado con un sistema de almacenamiento de líquido de Air Liquide que acaba de lograr completar su primer vuelo tripulado de prueba en Eslovenia. Anteriores prototipos a este habían funcionado con hidrógeno en estado gaseoso, pero en esa forma ocupaba demasiado espacio. El actual tanque, situado en medio de las dos cabinas de pasajeros, que se cierran con cubiertas de plexiglas, aporta estabilidad y efectividad al aparato . Cuando el personal de tierra retira las zapatas de freno y el copiloto polaco, llamado Pavel, levanta el pulgar a modo de despedida, el tanque de hidrógeno es conectado a las baterías, que son elevadas a temperatura de funcionamiento y arrancan el motor eléctrico. La hélice empieza a girar silenciosamente y despega hacia el futuro el primer vuelo tripulado alimentado por hidrógeno líquido , que requiere 20 kilos de hidrógeno para una autonomía de 300 kilómetros. Con su envergadura de 22 metros y 630 kilos de peso, el HY4 parece un planeador a motor modificado, repleto de una gran cantidad de hardware técnico. Alcanza una velocidad máxima de 200 km/h , con una velocidad de crucero de 145, que su fabricante confía en mejorar a medida que se perfeccione el diseño. Se distingue perfectamente el depósito de acero inoxidable para el hidrógeno líquido. Si se almacena criogénicamente, la autonomía máxima del HY4 para de 750 kilómetros a 1.500, lo que permite empezar a pensar en vuelos sin emisiones de medio y largo alcance. Noticia Relacionada estandar No Iberia y Vueling cifran en 56.000 millones el impacto de convertir a España en líder en producción de biocombustibles Antonio Ramírez Cerezo Las aerolíneas estiman una necesidad de entre 30 y 40 plantas de fabricación de SAF que generarían 270.000 puestos de trabajo Ese es el sueño del ingeniero eléctrico y fundador de H2Fly , Josef Kallo. Cuando era niño, en Rumanía, se tumbaba durante horas en el césped y miraba al cielo, contemplando los MiG. Llegó a Alemania con 15 años y enseguida destacó en el colegio en física y matemáticas, pero tuvo que trabajar como apilador de envases vacíos y renovando pisos para pagarse los estudios, hasta que empezó a desarrollar baterías para General Motors. Vendió sus acciones en una empresa estadounidense de taxis aéreos para sumar la ganancia a la financiación de 4 millones de euros del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) y fundar en Stuttgarg H2Fly en 2015. En 2016 el HY4 ya despegaba con hidrógeno gaseoso y, 130 vuelos después, a sus 50 años, estaba ya listo para el reto decisivo. «Los aviones de hidrógeno pueden cubrir un mercado con 600 millones de pasajeros-kilómetro y más de 50.000 millones de euros en ventas al año sólo en Europa», calcula Kallo, y los aviones libres de emisiones podrían ahorrar al medio ambiente 326 millones de toneladas de CO2 y mucho ruido. Sabe que quienes ahora están a la vanguardia del desarrollo de nuevos motores tienen enormes oportunidades y calcula su pedazo del pastel en 9.800 millones de euros. «En 2029 o 2030», avanza, los primeros pasajeros volarán sobre Europa en aviones de cuarenta plazas, cinco años por delante del objetivo de Airbus. Reinvención En España, ITP Aero quiere arrancar su propio motor de hidrógeno en 2025. Pequeñas empresas están tomando la delantera a los gigantes de la aeronáutica gracias a entramados empresariales más flexibles. H2Fly lidera el proyecto Heaven , un consorcio apoyado por la Unión Europea con financiación estatal alemana y de la Universidad de Ulm. Entre sus socios figuran, además de Air Liquide y el Centro Aeropespacial Alemán, Pipistrel Vertical Solutions, EKPO Fuel Cell Technologies y la Fundación Ayesa. 120 años después del primer vuelo propulsado, este grupo de pequeños actores del sector reinventa la aviación y asegura así su supervivencia.

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