Frank Rainieri (Santo Domingo, República Dominicana, 1945) tuvo una visión cuando cumplió 24 años. Donde los demás vieron una selva incomunicada, él imaginó un paraíso turístico. Su sueño se llama hoy Punta Cana y, según Forbes, le ha convertido en uno de los diez hombres más ricos de la República Dominicana. Descendiente de italianos, Rainieri creó el Grupo Puntacana con dos socios fundamentales: el abogado Theodore Kheel, con quien compró las primeras hectáreas de lo que hoy es Punta Cana, y su esposa, Haydée Kuret de Rainieri, vicepresidenta del grupo familiar. Los Rainieri acaban de traspasar la gestión de sus negocios a sus hijos: Paola, Francesca y Frank Elías. Noticia Relacionada estandar Si Un destino del Caribe con pocas restricciones y miles de turistas este año República Dominicana no ha exigido cuarentena ni PCR de entrada durante los últimos meses, lo que ha animado a unos 300.000 turistas al mes a volar a este paraíso caribeño —¿Qué hay que saber cuando uno se enfrenta a una crisis? —Siempre he pensado que lo que para unos es una crisis para otros puede ser una oportunidad. Hay personas que siempre tienen temor a los diferentes eventos que ocurren en su vida o a su alrededor. Sin embargo, hay otros que vemos la parte positiva. Cuando me lancé en el turismo en República Dominicana, nadie creía en él. Por eso pudimos comprar 5.600 hectáreas de terreno por 250.000 dólares. Era un momento difícil para el país y nosotros vimos lo contrario: hay una oportunidad, nadie está, vamos a ser los pioneros. —Y hoy, cuando todo el mundo habla de crisis bélicas o estratégicas, ¿usted ve oportunidades? —Claro. Hemos tenido guerras y crisis toda nuestra historia. Como esta es en Europa se resalta más en los medios y, por lo tanto, hay mayores temores. También hay miedo al ascenso de China que es un país que ya no puede estar aislado porque depende de sus exportaciones. Y ya tiene una clase media que le va a exigir a cualquier gobierno que comprenda que lo económico va por encima de cualquier otro interés. Creo que tenemos un momento de oportunidades, y mientras unos se repliegan, otros avanzan. Nosotros como empresa familiar tomamos la decisión de que en estos próximos dos años vamos a hacer las mayores inversiones de nuestra historia. Estamos incursionando en nuevas áreas, haciendo, en este momento, dos hoteles nuevos, y vamos a hacer dos más. MÁS INFORMACIÓN noticia Si José Antonio Herce: «Nuestra economía funciona en un régimen de ‘fallo permanente’» noticia Si Rafael Doménech: «Ahora no estamos en crisis; hemos resistido mejor de lo esperado» noticia Si Carlos R. Braun: «Los ciudadanos no son culpables sino víctimas de la inflación» noticia Si Amadeo Petitbò: «Se ha reforzado el intervencionismo en vez de la competencia» —¿Por qué? —Porque creemos que la humanidad va a seguir viajando, porque la clase media en el mundo sigue creciendo, y cuando las personas llegan a la clase media, una de sus prioridades es conocer lo que han visto por televisión. —¿Qué opina de la semana laboral de cuatro días? —Eso, en los países desarrollados es una realidad. —Es mucho más tiempo de ocio… — Claro, más tiempo de ocio o para tener otro trabajo y aumentar tus ingresos y pasar de clase media-baja a clase media-media o media-alta. Eso va a ser irreversible. La humanidad después del Covid quiere vivir más y con más confort. El reflejo del norteamericano, que ya no quiere emplearse simplemente y hacer ‘overtime’, como llaman ellos a las horas extraordinarias. Quiere trabajar e irse para su casa y compartir con su familia. Quiere viajar, quiere disfrutar. En América Latina esto tomará más tiempo, pero nosotros mismos, los empresarios turísticos, preferimos que un empleado trabaje cuatro días con flexibilidad y podamos tener a otra persona cubriendo los otros días de trabajo. Esto va a ser irreversible. —Ha citado la pandemia. ¿Cómo afectó a su sector? —Nos paralizó. Pero en República Dominicana –suena feo decirlo– fue una bendición, porque, por primera vez, el resto de los sectores de la economía nacional se dieron cuenta de la importancia del turismo. Hasta entonces, nos veían como algo marginal y, de pronto, los industriales se dieron cuenta de que el 20 por ciento de su consumo lo representaban los hoteles, los agricultores lo mismo, los transportistas, el gobierno… La actitud de todos los sectores después del Covid con relación al turismo es diferente. Ahora bien, dicho eso, nos paralizó, pero fuimos los primeros en salir del Covid. ¿Cómo? Unimos al sector público y privado en campañas. Y rápidamente abrimos la puerta al turista. Ocho meses después de declararse la pandemia estábamos recibiendo turistas en Punta Cana. Y el Gobierno, hábilmente, promovió que los dominicanos pudieran visitar los sitios turísticos con descuentos especiales. De esa forma, los hoteles comenzaron a abrirse, la gente comenzó a tener trabajo, a demandar producto agrícola, etc. Resultado, que la Organización Mundial del Turismo declaró que la República Dominicana tuvo el mejor manejo del Covid-19 pospandemia. En estos primeros cinco meses de 2023 vamos a terminar en dobles dígitos, por encima de 2019. —Usted es el artífice, el creador, de Punta Cana como destino. —Soy el más viejo (ríe). Me tocó ser el pionero, nadie creía en esto, nadie se metía en el lugar, y yo tuve la osadía y la edad. Tenía 24 años. —Hoy es uno de los destinos más consolidados de Centroamérica. ¿Cuál es el modelo de negocio? —El turismo original en Punta Cana fue de sol y playa. Ha ido modificándose. Por ejemplo, ahora somos el destino de golf más grande del Caribe. Y tenemos un torneo internacional. Y ya estamos incursionando en áreas complementarias, porque el turismo es como cualquier otro negocio y tiene que evolucionar. No te puedes quedar haciendo lo mismo cuarenta años. Comenzamos sin ser ‘todo incluido’, y de pronto nos dimos cuenta de que, estando tan aislados, debíamos hacer ‘todo incluido’. Comenzamos con un ‘todo incluido’ medio, y ahora estamos con marcas de lujo. Vamos evolucionando. Ahora estamos ofreciendo más excursiones, Santo Domingo es Ciudad Primada de América y estamos a dos horas en autobús. —Ahí hay un legado español importante. —Ahí está toda la primacía de América: la primera catedral, la primera universidad, la primera fortaleza, el primer hospital, la primera calle, las primeras casas. Entonces, estamos promoviendo que el que visite Punta Cana vaya a pasar el día o se quede una noche en Santo Domingo para que vea esa parte cultural. Cualquier español que llegue ahí verá que su linaje está ahí. «Hay que cuidar la naturaleza, pero también debemos cuidar al hombre, porque un hombre que no tiene qué comer depredará cualquier cosa» —Hablando de linaje, ustedes son una empresa familiar y acaban de pasar por un momento delicado que es la transición a la segunda generación. ¿Cómo evalúa el proceso? —No es un momento delicado si preparas todo correctamente. Nosotros comenzamos este proceso hace diez años. Y lo primero que hicimos fue definir al sucesor. Tengo dos hijas, Paola, la mayor; la segunda, Francesca; y el menor, Frank Elías. Los tres están muy preparados, graduados en universidades extranjeras. Primero, yo no designé a nadie, fueron ellos los que escogieron quién debía ser mi sucesor. Y escogieron a Frank Elías, el más pequeño, no porque fuera el varón, sino porque consideraron que tenía las condiciones para el puesto. Eso fue fundamental. Y después fuimos poco a poco llevándolo por las diferentes áreas de la empresa en el mundo. Hoy día, honestamente, mi esposa y yo jugamos el rol de meros asesores. —¿Qué le aportó asociarse con figuras como Óscar de la Renta o Julio Iglesias? —Óscar y Julio llegaron en un momento interesante. Punta Cana ya tenía un nombre, tenía un aeropuerto, había hoteles, etc. Pero el mercado norteamericano es diferente al europeo. Hasta entonces dependíamos en un 70 por ciento del mercado europeo y un 15 por ciento del suramericano. En el 2000 apenas recibimos 5.000 turistas procedentes de EE.UU. en el aeropuerto de Punta Cana. Óscar y Julio son dos iconos. Todo lo filmaban en Punta Cana. Todas las revistas empezaron a cubrir a Julio y a Óscar en Punta Cana. ¿Qué pasó? Naturalmente, el mercado norteamericano siempre ha seguido tendencias. El europeo no era así, pero ahora comienza a serlo. Pero el norteamericano empezó así: ¿dónde tiene Óscar de la Renta su casa?, ¿dónde pasa su tiempo libre? Comenzaron a llegar Henry Kissinger, los Clinton, todas esas personas. Hoy, nuestro principal mercado es el norteamericano. Este año estamos estimando que van a llegar dos millones de norteamericanos al aeropuerto de Punta Cana. Y, en gran parte, tuvo que ver con eso. —Otro de los desafíos es la sostenibilidad medioambiental, ¿cómo ve ese asunto? —En el caso de Punta Cana, y del turismo en general, el medioambiente es parte de nuestra industria base. Nuestro interés económico nos obliga a ser responsables. La fundación ambiental del Grupo Puntacana se creó mucho antes de la Cumbre de Río de Janeiro en el 1992. Y logramos que todos los inversionistas construyeran por debajo de los 18 metros de altura. ¿Por qué? Porque esa es la altura de una palmera, para que las edificaciones no sobresalieran. Gabriel Escarrer, Miguel Fluxá, Pablo Piñero… todos cumplieron y han cumplido. Carmen Riu, todos. Lo mismo hicimos con las densidades. Dijimos 35 habitaciones por hectárea. ¿Sabe cuándo nos dimos cuenta de la ventaja de eso? Con el Covid, porque la baja densidad era importantísima. Y el no tener que tomar ascensor porque las edificaciones sólo tienen cuatro pisos. Fíjate cómo, una medida que tomamos hace treinta años, nos benefició después. Cualquier actividad humana afecta a la naturaleza. Tampoco podemos ser extremistas, pero si logramos un equilibrio podemos crear desarrollo humano y mantener el ambiente. No podemos olvidar que tenemos que cuidar la naturaleza, pero también hay que cuidar al hombre, porque un hombre que no tiene qué comer depredará cualquier cosa. —¿Qué desafío representa la guerra? —Las guerras siempre son un desafío. Los mercados ucraniano y ruso eran muy buenos. A nosotros nos sorprendió la guerra en Punta Cana con miles de turistas ucranianos y rusos. Hoy ya no los tenemos. Hay que tener cuidado con las medidas que han tomado los países occidentales y no podemos crear una situación (conflictiva) cuando tenemos dos millones de turistas norteamericanos. La guerra ha afectado, encareció el petróleo. Sin embargo, no descendió el turismo. A pesar de que el billete aéreo se elevó en más de un 30 por ciento. Es que la gente, después de la pandemia, quiere viajar. «Un escenario de conflicto no es el más conveniente para el mundo. Creo que habrá una solución. Y esto es una oportunidad para América latina y para España» —Hemos tenido prosperidad con la globalización, pero vamos hacia un mundo donde la geoestrategia impondrá limitaciones al movimiento de bienes, capitales y personas ¿cómo ve ese escenario? —Ese escenario no es el más conveniente para el mundo. No sólo para la República Dominicana, sino para el mundo. El progreso que hemos tenido bajo la Pax Americana, que es como se le llama a los últimos 75 años, ha sido fundamental. No creo que algo así haya ocurrido nunca en la historia. Ahora bien, creo que los actores relevantes van a buscar una solución. China ya tiene una clase media que exige un desarrollo y un crecimiento económico, y los más grandes compradores de los chinos son los norteamericanos. Y después son los europeos, no son los hindús, no son los brasileños, no son los africanos. Lo mismo pasa con EE.UU. ¿Vamos a tener ‘friendshoring’ (relocalización en países amigos)? Pues sí. Pero eso toma una década. No se pueden trasladar las plantas de un día para otro. Sí creo que esto es una oportunidad para América Latina y para España. Porque en nuestra región el comercio norte-sur se va a incrementar. A pesar de que China intervenga, EE.UU. va a buscar negociar con sus vecinos, donde no tenga que cruzar un Atlántico o un Pacífico. —¿Y por qué es una oportunidad para España? —España, que ha sido la puerta de entrada para América Latina en Europa, debe apoyarse en esto para incrementar sus relaciones, sus inversiones, y los latinoamericanos nuestras inversiones en España para después desplegarnos en Europa. Porque ya Europa no va a poder seguir contando como antes con ciertos países del mundo, pero con América Latina sí puede contar. —¿Cuál es su juicio del sector turístico español? —Es el modelo, en muchos aspectos, que nosotros hemos de tener. Recordando siempre que somos una isla y no parte de un continente, y por lo tanto tenemos que cuidar la diferencia. Pero el modelo turístico español es envidiable. Lo primero es que no solamente han crecido los destinos, sino que España toda se ha convertido en el destino turístico. Ya usted no viene a Palma, como hace 30 años, o a Madrid. Usted recorre España. Y desarrollaron el enoturismo. Hace 20 años ¿quién iba a ir a una zona de viñedos? ¡Ni soñar! Hay que ver las cosas buenas y las innovaciones que ha hecho el turismo español. Dicho esto, no comprendo cómo todavía hoy no tienen un ministerio de turismo. Y tienen 23 ministerios. Y el que los sacó de la crisis del Covid fue el turismo.
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