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La rehabilitación energética no termina de encontrar el interruptor

El parque edificatorio en España cumple años, y no para bien. La antigüedad de las casas que habitamos y el escaso interés en rehabilitarlas las convierte en un sumidero de energía que va en contra de nuestro bolsillo , pero también del planeta. Darle la vuelta a la situación exige un compromiso firme por parte de todos los actores económicos, ya que las consecuencias medioambientales pueden ser irreversibles. Un vistazo a los datos sirve para darse cuenta de la magnitud del problema: de los más de cinco millones de edificios certificados energéticamente en nuestro país, más del 80% está calificado entre la E y la G en términos de emisiones , mientras que en el otro lado de balanza encontramos apenas un 1% a los que les corresponden las etiquetas A y B. El impacto de los edificios que se quedan atrás en la carrera por la rehabilitación energética dibuja un panorama desolador, ya que el ladrillo representa «cerca del 30% del consumo final de energía final, casi el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero directas e indirectas y algo más del 20% del consumo de gas en España», tal y como recuerda Dolores Huerta , directora general de Green Building Council España (GBCe). Tomar medidas urgentes para detener el cambio climático tiene como primera parada nuestras propias viviendas. Noticia Relacionada estandar No Ni hormigón, ni cemento: la vivienda que genera más energía que la que consume Rocío Mendoza Vídeo | Un paseo por Casa Sophia, uno de los hogares más sostenibles de España El retraso en la adopción de medidas para revertir este escenario hay que buscarlo, en primer lugar, en la normativa. La primera regulación sobre el comportamiento energético de los edificios llegó en 1979 con la norma básica de edificación NBE-CT-79, sobre condiciones térmicas en los edificios, que después dio paso al Código Técnico de la Edificación de 2006 y sus posteriores modificaciones. Esta es una razones por las que «aproximadamente un 60% del parque de viviendas en España no presenta unas condiciones de aislamiento adecuadas, al no contar con criterios de eficiencia energética en su diseño y construcción», revela Toni Martos , Target Market Manager Fachadas de Sika, añadiendo que «en aquellos edificios con un aislamiento insuficiente, entre un 50% y un 65% de la energía destinada al acondicionamiento térmico del hogar se pierde a través de una envolvente ineficiente». La solución pasa por apostar por el patito feo de la edificación: la rehabilitación. Sin embargo, este tipo de actuaciones no terminan de cuajar. «Las instituciones públicas y las financieras como los bancos no apoyan lo suficiente una acción que podría generar un gran negocio y un beneficio para todos», opina Mauro Manca , fundador de la consultora Energreen Design. El inmovilismo también es la postura de la ciudadanía, pues «todavía hay una escasa concienciación social sobre los efectos nocivos que tiene hacer un mal uso de la energía y no sacarle un rendimiento óptimo, señala Óscar del Río , director general de Knauf Insulation. Acabar con la pobreza energética El contexto geopolítico, con el conflicto en Ucrania como punto de inflexión, puso de relieve la gran dependencia energética de Europa hacia terceros países. «La inflación ha convertido la energía en un producto de lujo que aboca a la pobreza energética a cada vez más hogares en nuestro país», confirma la presidenta del Cscae. La pobreza energética afecta a entre 3,5 y 8,1 millones de personas en España, según el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico. Por otro lado, datos de Eurostat señalan que el 17,1% de la población española no pudo mantener una temperatura adecuada en casa en 2022, por encima de la media europea (9,3%). En este sentido, Manca recalca que «hablar de eficiencia energética fuera de un contexto económico y social es un error». Es por ello que la rehabilitación juega un papel esencial, especialmente, porque sus beneficios van más allá del ahorro en las facturas y del bienestar de puertas adentro. La rehabilitación es una asignatura pendiente que nos coloca en clara desventaja frente a nuestros vecinos europeos. «A diferencia de otros países, como Francia, Austria o Alemania, donde la tasa de rehabilitación es del 1,5-2% al año, España se sitúa entre 8 y 10 veces por debajo de la media», indica Marta Vall-llossera , presidenta en Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE). La llegada de los 3.420 millones de euros de los fondos Next Generation que iban a canalizarse hacia la rehabilitación residencial prometían ser el espaldarazo definitivo, pero estas ayudas europeas no están cumpliendo su objetivo. La lentitud en la gestión de los fondos europeos obedece al desconocimiento y a la burocracia. Según la Red de Oficinas de Apoyo a la Rehabilitación (Red OAR) de los Colegios de Arquitectos, el ciudadano de a pie ignora que existen ayudas y ventajas fiscales para hacer que su edificio deje de ser un depredador energético. Igualmente, ignora los beneficios que podría obtener en términos no solo de calidad de vida, sino en lo que respecta a sus finanzas personales y a la revalorización de su inmueble. Poca concienciación «La vivienda es el mayor esfuerzo económico al que solemos enfrentarnos y, sin embargo, no hay una concienciación sobre el mantenimiento de ese bien que tanto esfuerzo ha costado» apunta el portavoz de Sika. A esta ínfima cultura colectiva de la rehabilitación se le suman las pocas facilidades que ofrecen las administraciones a la hora de tramitar las ayudas. «Lo que se prometió que tendría respuesta en tres meses está teniendo periodos de respuesta de un año» , asegura la directora general de GBCe, que advierte de que «teniendo en cuenta que hay un plazo tope para la ejecución de las obras, se puede perder una oportunidad tremenda». En este sentido, Del Río comenta que «aproximadamente el 51% de las solicitudes son rechazadas después de varios meses de espera». Y mientras la ejecución de los fondos en España sigue encallada, Bruselas nos manda más deberes. La Directiva europea de eficiencia energética en edificios (EPBD) es un instrumento que marca el camino para reducir las emisiones de la Unión Europea un 55% hasta 2030 y a alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. Una de sus medidas es el establecimiento de Estándares Mínimos de Eficiencia Energética (MEPS), unas exigencias que marcan una serie de hitos escalables, empezando por los edificios más ineficientes. Así, será obligatorio que todas las viviendas tengan un certificado de eficiencia energética E en 2030 y D o superior en 2033. Llegar a la etiqueta A o B será necesario en 2040 , y a partir de 2050 únicamente será válida la calificación más alta. Un requisito tan abrumador, aun considerando que el margen de tiempo es amplio, da vértigo. Esta clase de moratorias genera, según Manca «un sentimiento de rechazo que a menudo produce resultados opuestos», sobre todo, atendiendo al hecho de que «muchos propietarios no tienen la capacidad real de rehabilitar su vivienda». Aunque desde el sector no son partidarios de vetar, sino más bien de incentivar, valorando el limitado éxito en la ejecución de las subvenciones y deducciones actuales, se abre la puerta al tirón de orejas por parte de la Comisión Europea con el fin de «garantizar la transición hacia una sociedad más sostenible y reducir las dependencias energéticas actuales», resume Vall-llossera, que incide en que «estamos muy lejos de las 300.000-350.000 viviendas que sería preciso rehabilitar al año para alcanzar la neutralidad climática en 2050». Acción coordinada Aceptado el reto, llega el momento de ponerse manos a la obra. Puesto que no hay dos edificios iguales y, por lo tanto, no hay recetas universales en materia de rehabilitación, la participación en el proceso de un profesional resulta imprescindible. «Con él, el propietario conocerá las necesidades reales de su vivienda y también su potencial de mejora, con las soluciones adecuadas para esas necesidades», matiza la presidenta del Cscae. Un adecuado diagnóstico será la base para «realizar una acción coordinada y planificada», asegura en la misma línea el fundador de Energreen Design. Lo deseable sería poner de acuerdo a toda la comunidad para realizar una intervención integral y así mejorar la envolvente, una tarea que implicaría «aislar muros, cubierta, forjado de planta baja, cambiar ventanas , proteger de un excesivo soleamiento en verano mediante contraventanas, lamas, toldos o pérgolas», enumera Huerta. Posteriormente, habría que «procurar cubrir la energía que todavía es necesaria con la sustitución de equipos de refrigeración y calefacción antiguos por otros más eficientes o la instalación de fuentes renovables», apunta el director general de Knauf Insulation. Pugna vecinal Ambas actuaciones deben coordinarse porque «no tiene sentido invertir en instalación de fuentes renovables de energía sin preocuparse también por el estado de la estructura», afirma Martos. Poner de acuerdo a los vecinos del edificios suele ser complicado debido a las diferentes sensibilidades y capacidades económicas, es por eso que, a nivel individual, también es posible reconciliarse con el medio ambiente invirtiendo en una caldera más eficiente o en la sustitución de los cerramientos.

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