Los últimos 40 años de la economía española no se pueden explicar sin la figura de Pedro Solbes Mira (Pinoso, Alicante, 1942), que ha fallecido este sábado. Con grandes éxitos y con sus errores, fue una figura dominante de la economía desde 1993, cuando Felipe González lo nombró ministro de Economía y Hacienda. Solbes era una voz importante que me habría gustado entrevistar en la serie ‘Voces contra la Crisis’. Intercambiamos correos en octubre pasado y declinó la oferta: «Querido John, contesto a su amable mensaje para invitarme a hablar sobre la crisis. Como puede imaginar hace tiempo que renuncié a estar en el debate público y en estos momentos, por múltiples razones, entre otras las de salud, tengo poco ánimo para volver. Muchas gracias en todo caso». No lo volví a molestar, pese a que amigos suyos me pidieron que insistiera. Leo los obituarios de Solbes . Su peor papel, el que más lo desacreditó ante la opinión pública, se lo dio Zapatero. Éste lo reclutó como vicepresidente segundo para compensar su nula credibilidad económica, tal cual hizo Pedro Sánchez con Nadia Calviño. Pero Solbes se sintió cuestionado por la Oficina Económica de Presidencia, que dirigía Miguel Sebastián. En sus ‘Recuerdos’, publicados en 2013, confiesa que ya en la primera legislatura de Zapatero pensó dos o tres veces en dimitir. Y al poco de iniciarse la segunda, ya estaba arrepentido de seguir junto a Zapatero: «Pasados nueve meses desde las elecciones, estaba ya totalmente convencido de que la idea por la que decidí ir a las mismas, que mi presencia en el Gobierno pudiera ser útil para resolver la crisis, no era correcta». Paradójicamente, el momento más brillante de su vida profesional fue cuando se convirtió en comisario europeo (1999-2004) a instancias del Gobierno de José María Aznar. España podía designar dos comisarios y en aquella época, el bipartidismo consuetudinario funcionaba y el Gobierno propuso a la ‘popular’ Loyola de Palacio y al ‘socialista’ Solbes. La ley no impedía que Aznar designara dos leales, de la misma forma que no le prohibía presentarse a un tercer mandato, pero no lo hizo. Solbes brilló como comisario de una manera que en España no se percibió. Fue el verdadero artífice de la implantación del euro. Es verdad que cometió errores. Ganó las elecciones de 2008 para Zapatero con el famoso debate con Pizarro, que fue un ejercicio de lo que luego llamaríamos posverdad. Y vendió las últimas reservas de oro del Banco de España (una auténtica chorrada). Quizá su mayor error -como él reconoció- fue no retirarse a tiempo. Y eso describe dos síndromes: el del hombre que se siente indispensable y el del que, en el ejercicio del mando, acaba rodeado de parásitos aduladores que necesitan que quien los designó siga en el cargo para garantizar su supervivencia. Pero Solbes trabajó toda su vida, desde que Calvo Sotelo lo incluyó en la comisión de estudios para la integración en la CEE, para anclar a España en Europa, convencido de que esto aseguraría la prosperidad de todos. D.E.P. jmuller@abc.es
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